martes, 24 de septiembre de 2013

La oruga

En un día que todos podría llamar "normal", estaba sentada en una banqueta cualquiera, de una calle cualquiera, de una colonia cualquiera, de una ciudad cualquiera.
    Subestime la sencillez de lo verdaderamente hermoso, lo magnífico y extraordinario de lo insignificante que es el mundo mirándolo desde mis ojos, un cristal marrón de sublimes matices, una perspectiva abstracta de la realidad ya retorcida de un Dios inexistente pero presente.

    Las hormigas atacaban desenfrenadas, iracundas y precipitadas a una indefensa pero -ávida de libertad- oruga. Esta era una lucha feroz, decenas de pequeñas guerreras al ataque de un enorme pero torpe gusano.
-tú, muévete a su derecha y empuja, tú del otro lado. Desplieguese, vamos, todas juntas que es una presa difícil.

-por mi vida, señora de los insectos todos, sálvame. Que he hecho yo para merecer tu castigo, sálvame de este predicamento señora, que me atacan, que muero....

- a mi cuenta, uno, dos, ataquen el flanco izquierdo. Ahora halen al unísono. Uno, dos halen, uno dos halen.

-por mi vida señora, ten piedad, oh no, me tienen, me tienen, esta es mi hora, que insignificante, desprovista de satisfacciones, lejos del anhelo, que paupérrima ha sido mi vida, y ahora... Muerte, desaliento que me toca, vamos reina mía, déjame caer de una vez al obscuro tártaro de los insectos...

Y de pronto una ramita de arbusto empuja a la oruga y esta sube apresurada por el. Se mueve con gran velocidad y la rama cae en un gigantesco "zas" , pero viva, la oruga sigue viva...

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